Solo pensamientos, historias por escribir para que luego no las olvide. O solo para sacarlas de la cabeza...

domingo 19 de julio de 2009

Sueños calurosos



Hace un calor caluroso. El aire está mas que tibio y mi ojos tienen la sensación de dormir. Entonces abro el portátil, me siento en mi cómoda cama, busco las fotos. Y las monto. Y empiezo a escribir.

“Vendedores de Ilusiones”

No, esta vez no fue.

Tengo muchas cosas que decir. Parece que el feeling de escritura no me acompaña hoy. Ya intenté dos formas de empezar este post, ninguna es lo que siento que quiero escribir. Llevo varias semanas en silencio y en movimiento. Me pasa cuando me muevo que recolecto mucha información en mi cabeza. Hasta parece que mis razonamientos mejoran cuando los digo hablados, cuando converso. Parece que el mundo que me nutre cuando me muevo tanto se mueve tan rápido como las palabras y escribirlas toma tiempo. Parece que aun no he parado de moverme, aunque hoy dormí y soñé con cosas extrañas, mundos mágicos, pesadillas y rarezas. Sentía el calor del sol mañanero y veranero entrar en la habitación, caer en mis pies, los recojo un tanto, me hago la loca, siento el calor, y caigo profundamente dormida otra vez para seguir el sueño, manipularlo y llevarlo a un lugar que mi mundo conciente le guste. Miro mi piyama de corazones. Que calor hace con ella. Esta mañana al despertar vi el amanecer y el cachito de luna yéndose para que el sol siga su paso. Y el sol, que parece el rey de la temporada, entra con ganas y el cielo cas azul profundo, con nubes regadas por las fuerzas de sus rayos y yo dormida, con el calor en los pies, y las cobijas a un lado. No me quiero mover, aunque siempre quiero moverme. Los dedos en las teclas, los pies en la calle, los ojos en el paisaje. Tengo cosas por hacer. Demasiadas diría yo, mas de las que me gusta tener pendientes. A veces creo que mi vida es una lista interminable de pendientes, una suma de deudas con el mundo pero sobre todo conmigo. Los días se van mas rapido de lo que yo quisiera, se esfuman, y digo con ganas que no se vayan, con mi ganas y desganas. Luego cierro los ojos, queriendo que cada noche sea eso, la muerte que nos merecemos, el viaje pendiente, los deseos cumplidos. Cierro los ojos, no me tomo un tinto, no me tomo un trago, tomo aguita, respiro, me duermo.

Los días me gustan tanto que no quiero que se vayan como una suma ascendente de cosas hechas y deshechas, de cosas no hechas, de cosas, y cosas. Crecí acumulando hasta no cosas, no hechas.

Por eso decidí que no quiero dejar de soñar. Mis sueños son terriblemente divertidos. Por eso, de pronto después de estas palabras las otras, las que estoy cargando, diciendo, soñando y pensando pueda escribirlas. Y luego contarlas. Me gusta como suenan en mi cabeza. Ya veremos como salen por estas teclas.

Por lo pronto y tomando palabras prestadas, me voy porque soy hecha de la sustancia de los sueños.

Un cuento, escrito hace poco.


Un hombre que va solo todo el día. Todas las noches después de tres palabras en el café con el camarero, de un día de trabajo casi en silencio. En casa, toma un baño, en silencio y solo. Tiene un cigarrillo en su boca. Toma los pantalones y los cuelga, su camisa la plancha y la cuelga lista para el siguiente día. Su cigarrillo agotándose en la boca. Se peina, se mira al espejo. Solo y en silencio. Solo. Consigo mismo.

Qué piensa un hombre solo y en silencio cada día, qué quiere del mundo. De un mundo aburrido, él es aburrido. Solo. Siempre. A veces rompe su silencio con un "gracias", un "adiós", un “es usted muy amable señorita” Por lo demás en silencio.

Le deja al mesero, dos mil pesos y media cajetilla de cigarrillos. Solo se lleva dos para la noche. Hasta el cigarrillo, su único amigo quiere dejarlo. Es un hombre solo, en silencio y sin vicios. Se sienta en el sillón a ver la tele. La rutina se repite cada día. Cada noche no hay nada en la programación. Se detiene en el pronostico del clima del día siguiente y espera que mañana haga sol. Siempre lo espera aunque nunca sale de la oficina durante el día, pero cree que si hace sol la gente tendrá mejor humor. Aunque la verdad no importa. Igual permanece en silencio y nadie la habla. Es un hombre invisible, sin mujer, ni hijos. Ninguna familia cercana, o la que quisiera tener cerca.

Hace años conoció una mujer de vestido de flores de la que se enamoro perdidamente, pero ella nunca lo supo. El es un hombre solo y en silencio. Ella nunca supo de su amor. Lucia, como el la nombró en sus sueños, murió dos semanas después a manos de su marido abusador. El hombre solo y en silencio, se lamentó que Lucía, que luego supo que su nombre era Cecilia, es decir, que Cecilia, no lo hubiera conocido y hubieran podido huir antes del marido, y así ella lo hubiera sobrevivido, y el sería mas feliz amándola, así fuera en silencio, y bueno, no tan solo. Desde entonces el hombre solo y en silencio, no ha amado a nadie.

Su trabajo es como recepcionista, donde solo hay que decir las palabras automáticas, de "buenos días" y "buenas tardes", "Ya se lo comunico", y el "Sr. X no se encuentra". Nunca recibe mensajes porque no quiere malentendidos con nadie. Igual nadie le habla, nadie sabe muy bien que existe. Solo el chico del teléfono, luego el señor del teléfono y seguro en unos años, el viejo del teléfono.

En la tele promocionan una viaje por las islas del Caribe. El nunca ha estado en el Caribe. Solo adentro de la capital fría y gris. Entre las planicies y las montañas. Nunca el mar, solo el sol que trae los vientos fríos y quema la cara con su temperatura de hielo. Se imagina a si mismo caminando por la playa con una piña con sombrillita, solo y en silencio, y prefiere mejor seguir con su rutina.

Se levanta del sillón, deja el control en la mesita, pone el reloj para despertarse en la mañana. 5:15 para poder hacer sus ejercicios matinales. Y su desayuno a base de huevo y café. Todo igual desde hace tantos años que no lo puede recordar ya. Todo como si el mundo se repitiera cada día. Como si el clima nunca a fuera a ser mas que nubes grises y luces muy blancas. Por eso, y por el silencio y la soledad insoportable, porque sabe que nunca le hará mas falta que a si mismo, tomó el revolver y con el cañon en la boca disparó sin dudarlo. Nunca lo hubiera hecho. Solo estaba esperando el momento preciso para romper el silencio.


No tiene titulo. Ahora que lo leo y corrijo ortografía siento que no es tan bueno. Me acuerdo que fue bueno escribirlo. Aqui se va, como se van las palabras al viento.

martes 23 de junio de 2009

Quieta


Hoy mientras abrazaba a mi amor, decidí quedarme quieta, muy quieta. Hace días no me quedaba quieta. O sea, no cerré los ojos, esperé, dejé que la cabeza se fuera, sentí el calor de su cuerpo, su corazón latir, el mío que hoy decidió estar fuera de ritmo, su respiración, la mía con la nariz tapada. Al frente tenía la puerta, la chaqueta colgada, el bolso colgado, las paredes. A veces me canso de las paredes. Eso me recuerda que organicé el escritorio y que ahora es escritorio y no mesa de reblujo (Si ya se que reblujo no existe). Mi amor siguió durmiendo, y al moverse me daba un besito, y yo trataba de seguir quieta. El no sabe que yo estaba quieta, pero yo, estaba quieta. Estos días de supuesto verano, en algunas partes del mundo, de días de lluvia por estas tierras o tardes de calor, porque la verdad Max Enriquez ni el Ideam han sabido algún día, yo esperé a que cayeran las goteras, y empezaron a caer, como quien no quiere la cosa. Mi cálculo eran tres goteras por cada 5 segundos. Un cálculo al azar. Sin ninguna fundamentación científica, porque mientras me quedaba quieta, no hay mayores justificaciones. Solo estar quieta. Quieta porque quiero moverme siempre. Dar clic, ir allí, bajar, subir, correr, o bueno, caminar. Manejar rápido, bien rápido. Teclear, hacer zapping, hacer que mi mundo se mueva, moverme, moverme.

Así me quedé quieta. A veces cerré los ojos, y pensé en algunas palabras de alemán que recuerdo pero no se que significan. Entonces pensé con los ojos cerrados, y a veces abiertos en todas las cosas que haría si no estuviera quieta y que por supuesto no iba a hacer, porque quería tener el amor en mis abrazos, sentir el calor, y otra vez estar quieta. Porque quería estar quieta. Llevo días viendo atardeceres, amaneceres, de un lado a otro, montada en un carro, en el metro y me dejo llevar, mover. Han sido días tan raros como cada día que es diferente debería ser. Junio ha durado poco, pero para mi sus inicios fueron hace tiempos. Es rara la percepción del tiempo que es relativa a la cabeza, a la mente de cada persona. A sus actividades y no actividades.

Estos días de verano o de vacaciones, o de mitad de año me gustan mucho. El solsticio de verano tiene una magia para sus días anteriores y posteriores. O al menos quiero creerlo. Ayer dibujé. Y hoy mientras estaba quieta y muy quieta, vi el cuadro de esos únicos que pinté en la universidad, y sentí pintarlo otra vez. Otra vez me imaginé en movimiento. Y luego la cabeza se fue a animaciones y escenas y storyboards. Movimiento otra vez.

Quieta, quise estar quieta. Quieta para sentirme, y dejar de sentirme. ¿Nunca han sentido que se siente tanto el cuerpo que ya uno parece otro cuerpo?

sábado 20 de junio de 2009

Desvíos del sistema


Ahora mientras manejaba por esta ciudad llena de luces, pensaba en el juego que nos hace el sistema.

El mundo crea cosas para facilitarnos la vida: transferencias por internet, controles de TV, ventanas eléctricas, calentadores de agua, computadores hiperveloces. Y cuando alguno de estos falla no es que el mundo se acabe. Sino que pienso que la que falla puede ser uno.

El otro día la ventana del carro se subía y se bajaba sola. La primera vez que ocurrió, juro que pensé que me lo estaba inventando. Fue una sensación muy extraña, de fantasmas, y de si el mundo, el pequeño sistema de la máquina que manejo se estuviera yendo en mi contra. Para hacerme pasar un mal rato. Y si que lo hizo. Cuando las máquinas no funcionan bien, como dijo alguna vez un amigo, hay que soplarlas para ver si estan sucias: y en efecto. Recalentado el automático de las ventanas por los contactos sucios se enloqueció e hizo que durante una hora, entre el ruido de la ciudad y el de mi ventana, estuviera pensando que entraba en la locura moderna.

Antes fue el sistema de transacciones en linea de Bancolombia. (puto Bancolombia) En mi casa ese ha sido un gran invento. Pero ¿cómo es posible que se caiga el sistema una semana? Yo diría si estuviera leyendo esto como ustedes, que sería lo mas normal. Oh! ¡Niña ultramoderna que no soporta vivir sin su modernidad!. Y no es que no lo soporte. Sino que odio cuando el sistema que se inventan y al que uno se acostumbre se caiga por que no es perfecto. Entonces, ahi no es culpa de nadie. No hay a quien culpar porque la niña del call center la verdad no tiene la culpa. Los señores de informáticos, geeks jovenes y cuarentones, les importa poco lo que hay mas allá de una pantalla, y pueden hasta mandar al carajo a sus jefes. Porque la máquina no responde. Y punto. De ahi para adelante que el mundo se caiga. Como cuando uno piensa que pasaría si no existiera mas internet, que el chiste es nuevo y va siendo viejo (es la paranoia moderna, el chiste southpark, enjutomojamuto, balzac.. etc...), qué hacer el día que no haya internet, blogs, cuando la máquina de internet haya que resetearla? Y pasar un día entero conectando y desconectando el router para que cuando se le de la gana vuelva como si nada. O de pronto, no vuelva.

En fin, todo me recuerda que esta modernidad siempre puede venirse encima. Que algún día las máquinas no podrán ser controladas y vamos a morir insane, dementes, locos, porque el sistema que nunca fallaba, colapsará. Y seremos los humanos los que pensemos que tenemos que corregirnos, acomodarnos, sufriremos de ataques de abstinencia, no sabremos usar la cabeza y quien sabe, se nos habrá olvidado caminar o hundir botones. Tocará aprender otra vez a guardar la plata debajo del colchon y a subir y abrir la ventana con la manigueta. Hablar por teléfonos de disco y usar palomas mensajeras.

Y que decir del niño que tengo en mis piernas y al que le comunico mis dias, mis pensamientos, una máquina capaz de transmitirme toda, (eso creería) que en un día, como si nada, deja de funcionar? Y me paso los minutos pensando que hice mal.

Creo que nosotros como usuarios serviles no hacemos siempre mal y la verdad no tenemos la culpa. Las máquinas y el mundo moderno está hecho para colapsar y dañarse. Así podrán inventarse mundos cada vez mas rápidos, soluciones, placebos que nunca lograrán satisfacer el ansia de perfección, de un mundo a la medida de cada individuo.

jueves 18 de junio de 2009

Días de Caracol

Por cuestiones de trabajo, estuve hace poco en la Iguaná.
Y recordé los dias en los que cuando estaba en la universidad la Iguaná fue una segunda casa, donde estaban algunos amigos y donde me divertí como nunca.

Lo bueno de la universidad es que uno tiene tiempo para todo. Y uno con mucha ingenuidad hace muchas cosas. Asi me tocó coger la clase de video, y me tocó trabajar en grupo. Yo era una artista solitaria, que iba a la universidad a entregar trabajos y me perdía de cosas demasiado divertidas. Por que la vida es así, empecé a trabajar en equipo, descubrí el video y lo audiovisual como herramienta y comenzó todo a tener otros colores, sonidos, sentidos. Y luego empecé a trabajar dentro de la universidad, y no había quien me sacara de allá.

Así con el colectivo el Armario y gracias a otro proyecto que nunca se terminó llegamos a la Iguaná. Que estaba ahí la ladito de la Nacho y por la que uno pasa mirando por encima y no porque uno sea creído, sino porque la Iguaná está allá abajo para que no se vea mucho.


Días de Caracol fue el resultado de meses. Al principio no teníamos cámara. Luego prestamos una y al final, por alla cuando estábamos editando tuvimos una propia. Estábamos decidiendo, o por lo menos yo, y seguro sin saberlo del todo que el camino profesional iba a ser diferente, que íbamos a ser artistas, sin duda, pero que íbamos por otros caminos.

Este documental, como me dijo alguna vez alguien, es de todo y de nada. La historia de tres personajes, que se cruzan, que no se cruzan, que viven en un mismo barrio que los traviesan diferentes tragedias, historias y alegrías. Que nos sonrieron, que me sonrieron. Que me demostraron un montón de cosas, que la vida es siempre bonita, incluso, por allá abajo en la Iguaná. Donde los niños brincan, se ensucian, juegan, sonríen, tienen perros, y hasta piscinas. Como en todas partes.
Lo que hicimos fue poner las inquietudes, los olores, los gustos, las propias obsesiones en 15 minutos de video. Recuerdo que un día se borró toda la edición y casi tocó volver a empezar de cero. Recuerdo que hicimos muchos pietajes, y que ya casi me lo se de memoria. Lo llevamos a concursos , a festivales. Perdimos el master y solo quedan DVD´s.

Así a los muchachos cuando me los encuentro en la calle o en los semáforos todavía me recuerdan como la niña de la película. También recuerdo que cuando fuimos la primera vez nos contaban las historias de cuando Victor Gaviria grabó allá escenas de la Vendedora de Rosas. Ese había sido el rayito de fama del barrio.
El barrio es el mismo, la gente que se va deja espacio para otros que llegan y construyen primero con cartones y maderas casa que luego pueden ser demolidas por espacio publico, o si tienen menos mala suerte, pueden ponerle ladrillos y material para que cuando los desalojen, algún día, les den otra casita en otra parte de Medellín.


Con Santiago Florez y su familia todavía tenemos contacto. Siempre andan enredados, pero siempre viviendo con una bonita sonrisa. Santi esta muy grande, y todavía me abraza con ese cariño de niño. A Johana le perdimos la pista. Debe estar muy grande, ojala cumpliendo el futuro que su mamá se soñaba. A Ramiro se le siempre, todas las mañanas en el semáforo de la 65 antes de Colombia. El parcerito, siempre nos invita a arroz con leche en su casa y bueno, estamos en esa deuda.
A Días de Caracol lo recuerdo con mucho cariño. Los primeros pinitos llenos de ingenuidad e intuición.

martes 9 de junio de 2009

Junio


Los sueños han sido locos. Y llegan a mi cabeza imágenes todo el día. De personas, de cosas, de viajes. Viajo mucho en los sueños, pero no veo el recorrido, solo veo las escenas. Llevo varios días con ganas de escribir. Pero este no será el post típico en los blogs personales en los que uno escribe sobre todo y sobre nada. Aquí voy a escribir sobre lo que estoy pensando, que es importante.

Llegó junio con su etiqueta de mitad de año. El año pasa y no en vano. Menos mal pasa, si todavía fuera marzo estaría tirando la toalla. Que siga pasando. Lo que pasa es que junio era una fecha, solo que ya no recuerdo, o mas bien no quiero recordar para que exactamente. Era para que supiera mucho alemán. Era para que hubiera hecho mi portafolio. Era para que empezara a buscar que demonios quiero hacer si plan A falla. O sea, buscar plan B. Era para sentarme a ponerme al día con una deuda en la que siempre he estado sola pero ahora si es cierto. Tanto he hablado de esto que ya solo me queda a mi sacarlo por lo limpio y por el orgullo... La autoestima, y demás. Si, si, 10 casetes guardados que probablemente no sirvan. 200 gigas de información, fotos, avis. En fin, dijiste que no ibas a hablar de eso más. Es hora de hacerlo. Y ¿qué necesito? Todo y nada. Me necesito a mi. Que me escondo cada vez que retomo el tema. Que dilema. En fin, junio no se acaba, pero apenas empieza. Pero esta lleno de puentes, y de trabajo claro. Y de excusas. Woody Allen dijo alguna vez en alguna entrevista que leí, y no es que lea muchas de Woody, que si hay que hacerlo hay que quitar las excusas. Así la caída del mundo sea una. Solo hay que hacerlo. Tender la cama, no tener el computador, organizar el archivo. En fin. Puras excusas.

Ahora recuerdo que tengo llamadas pendientes, cuentas pendientes, líos pendientes. Palabras pendientes.

Entonces me vi “Yo soy otro” de Oscar Campo. Que me dejó con el corazón blandito y no se explicar bien por qué. Quise llorar con tantas ganas que me dio susto llorar en medio de la calle como sin sentido y no saber bien porque lloraba, ni poderlo explicar. Supongo que ver y oír la honestidad de un hombre lleno de demonios y obsesiones, tan cerquita, y verlo, no se. Y que sea tan emocional. El y yo. Porque las mujeres somos tan emocionales, no lo se. Solo lo somos. Unas manos que no sabían bien que hacían. Como expresar tanto, adentro, que las palabras y el cuerpo estorban. Entonces me tragué las lagrimas, y ahora no lloro. Porque pensaba que si escribía lloraría. Pero las lágrimas salen a veces con solo caprichos y a veces no por lo importante.

Esta semana que pasó vi el amanecer y ademas vi el anochecer de una luna llena echa una lámpara, una pepa, una perla en el cielo. Vi el sol que me calentaba y adoré la lluvia que me refrescó el aire. Me volé a las montañas y yo juro que hace mucho no me levantaba con tanto frío como hoy, así haya pasado un invierno donde el invierno es a 0 grados. Pero el frío me despertó, me dejó dormir poco. Tanto que en la clase de alemán no cabecié como lo hago siempre y no tuve que pedir un tinto como lo hago a veces. Tuve energía todo el día. Hasta en este momento en el que me digo, por favor, duerme ve a tus sueños de viajes y cosas fantásticas. Pero tengo miedo de dormir. O mas bien no se si los sueños se van todos juntos y se llevan mis palabras y mis ganas y mis desganas.

Y llego junio y todo lo que he hecho. Que han sido muchas cosas. El sábado mientras veía sobre una pantalla y un público viendo lo que había hecho en 6 meses, en un proyecto de vida muy bonito en el estoy metida de alma, corazón y garra, decía para mi misma, es que he hecho muchas cosas que me hacen feliz y orgullosa de mi. Son mis cositas. Y de muchos otros, pero que bueno que no he estado sola.

La página se acaba. Límites no hay. Solo estoy yo. ¿Que mas voy pensando? Muchas cosas que a veces no me acuerdo. Buenas noches.

miércoles 3 de junio de 2009

Insomnio


Tengo una sensación de estarme obligando a permanecer dormida. Hago fuerza con los ojos, como quien no quiere abrirlos y busco el aire de la ventana porque hace un calor infernal. Cualquier cosa que este soñando suena a reggae, y a vigilia del sueño no cumplida a satisfacción. Decido abrir los ojos, y un zancudo zumba mis oídos. Recuerdo que el calor y la ventana abierta, y otra vez el calor de días sin lluvia alborotan los zancudos que me han picado, o por lo menos me rasca todo. Trato de matar cada zancudo pero termino dándome golpes inútiles, y por fin decido prender la luz. Afuera hay una luz prendida. Voy al baño. Este es el inicio de una noche en vela, una madrugada despierta y seguro un día con mucho mas sueño. ¿A donde te fuiste señor sueño? ¿Si todo el día estuviste conmigo amenazando la tarde, el día y los inicios de la noche? Canela se asusta, y cuando le digo que no pasa nada, sigue durmiendo, igual en una media hora empezará su rutina. Empezar a ladrar para que alguien la deje bajar. Y así no podre seguir durmiendo porque igual tengo clase a las 8, y no, no, que sueño tendré en clase. Los zancudos se han escondido y ahora no puedo matar ninguno, con el placer y el asco que da matar zancudos. Gordos y llenos de sangre, torpes por tanto comida nocturna. Pero se han ido. Sabía que si me levantaba iba a estar lista y atenta. He perdido mi batalla nocturna, con los zancudos y el sueño. Afuera ya casi sonaran los pájaros, el primer bus de la madrugada, a veces la moto que reparte el periódico. Como justo en este instante.

Uno la reconoce después de años de varios insomnios, en los que uno agudiza el oído, y ya sabe que una moto que para y arranca, es el periódico, o yo creo, y ojalá y no un pillo trasnochador. Me pica la nariz porque olvide la pastilla de la alergia, pero la he dejado de tomar porque estoy mucho mejor. Ya se fue el de la moto y de pronto a las 4:22 am todavía no haya sido el periódico. Luego el silencio de la noche, que suena mucho a silencio, como el ruido en un parlante mudo, o la corriente eléctrica en el aire. Pronto, en unos minutos, se escucharan las mamás levantando hijos para el colegio, pronto, pero quien sabe si todavía este despierta.

La verdad tengo mucho sueño, pero no puedo dormir. Ya fui al baño, ya volvi, ya me quite las cobijas, hasta las piernas, hasta el pecho, cubriéndome toda, pero el zancudo estaba adentro conmigo, y decidí abortar el plan. Mejor escribo. Porque ni internet hay. Mejor así. Buenos días señores.

Y ahora que dejo de escribir, el control del televisor está perdido. Y ahora solo Ray bradbury podrá salvarme. O el dios del sueño, con la maldición de tener que despertar en menos de una hora.

jueves 28 de mayo de 2009

Por donde vivo

He vivido mis 25 años y medio en el mismo lugar. He visto el barrio cambiar, crecer, llenarse de edificios. He caminado las mismas cuadras, las mismas calles, las mismas esquinas. Los sonidos han cambiado pero siempre esta el del bus que pasa por la esquina y que de niña lo sentía en el temblar del edificio. Del señor del colombiano, y la carreta de los limones. Beatriz la que cuida los carros los domingos, y Margarita la que se hace la manca los domingos para pedir limosna. Las mismas crispetas anisadas después de misa, los mismos locales comerciales viéndolos cambiar de marca. Otros skates patinando en la esquina del frente en las noches.

Mis calles eran de niña las de las cuadras cercanas. Con Iván paseaba las calles mientras el hacía los mandados. Íbamos a Conavi donde pensaba que había una bóveda llena de dinero donde como el Tio Rico, uno podría zambullirse.

Así yo siempre decía que vivía detrás de la iglesia de Santa Teresita y una cuadra abajo de Mimos. Y así todo el mundo sabía donde vivía yo. O por lo menos lo suponía. Para mi era imposible que alguien se perdiera con esas grandes referencias.


En Mimos me comía yo después de la guardería todas las tardes un mimo. Me gustaba, no el congelado, sino el de crema blanda y chocolate recién puesto, y con crispis pero no siempre le poníamos porque era un poquito mas caro. Y por supuesto varias veces se cayó el mimo en el piso mientras caminaba de la mano de Iván. Ahí ha estado Mimos hace mas de 25 años. Ahí comíamos después de la misa dominguera. No importaba la hora, porque hasta los domingos lo cerraban a las 9.


Y la iglesia. Esta iglesia grande, ese campanario que antes se veía desde todo el barrio, pero que ahora los altos edificio lo tapan. Y yo soñaba con escuchar las campanas que solo cuando ya grande sonaron. Creo que las campanas no existen realmente y es una grabación. Y ese es el mito del barrio. Ahí, los recortes de ostia, los periódicos de los domingos: el Tiempo, el Espectador y hasta el Mundo, nos llevábamos después de misa de 12.



Luego aquí estaba una carpintería. Nunca entre pero uno siempre pasaba y estaba el olor del aserrín y todo para adentro era puro aserrín. Ahora, no se que es eso. No se que hacen ahí. Luego estaba el mercado Santa Teresita. Donde Don jorge. Ahí estaba la carnicería con los pedazos de vaca colgando y a mi no me gustaba ir porque era oscuro y olía a carne. Y los ganchos que sostenían los pedazos de carne eran muy miedosos. También había verduras. Y olía a verdura. Era un sótano húmedo. Y Don Jorge, me daba miedo.


Aquí estaba la “Tienda americana” Ahí alquilábamos películas de betamax y mas grandes de VHS pero desde que salió el VHS no tuvo el mismo prestigio. Y luego la cerraron. Ahí alquilamos a los ositos cariñositos, a superman, la peli de los Hombres G, todos los Karate Kid y los niños Ninja. Por ahí pasábamos después de la misa, o los sábados en la nochecita con mi papá, que nos dejaba llevar tres películas, además porque la dueña ya era amiga de nosotros.


Y aquí vivieron las viejitas toda la vida. Ahí pedíamos confites, y las viejitas nos hacían seguir y la casa olía a viejita pero tenían una pecera rebonita con un barquito pirata hundido al que le salían burbujas. Las viejitas se murieron y ahora quien compró el primer piso, hizo unos locales que esta arrendando. Por si alguien está interesado.


Y yo vivo en el 401. El citófono sirve apenas hace unos años. Antes, antes no se como entraba. Iván me esperaba a las 4:15 de la tarde todos los días a que me bajara del bus del colegio.

Aquí vivo yo. En el edificio Teruel. En Laureles. Barrio donde hasta los gatos se pierden.